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Otra vez he visto a ese Cristo pasar

  • aidareyesalcalde
  • hace 2 días
  • 2 min de lectura
Ilustración original para el poema "Otra vez he visto a ese Cristo pasar". Muestra un soldado romano apesadumbrado cuya sombra es una cruz-

Soy un decrépito

o tal vez un mártir devenido,

un humilde soldado que deambula errante 

en un desierto intrincado.

Hay noches que me parece oír de muertos,

milagros y sepulcros

y siento que se me doblan las piernas

otros días veo al peregrino 

y me desintegro solemne

ante dantesca imagen...

 

"otra vez he visto a ese Cristo pasar"

 

Me digo una y otra vez 

¡esto es una alucinación!

Hay noches de padecimiento 

y rebeldes tambores al unísono.

Otras veces voy en búsqueda de mis huesos

que se rehúsan a ser ese mártir

que convive con el alarido de los ángeles.

 

¿Acaso soy esa ruina irreconocible

con la cara ensangrentada en la trémula Roma

que no hizo más que obedecer a ese centurión?

 

Añoraba ser soldado...

ser como los héroes que son más que dioses, 

que fluyen sobre la tierra

y no se regocijan en agasajos

en el olimpo irrisorio.

En mi cabeza recreé una madre, 

amamantado en minucioso secreto

por la mismísima Luperca.

Recreé nuevas criaturas, 

esta vez que no fueran vilipendiadas

o crucificadas en la perplejidad remota.

 

¿Acaso es ese cristiano otra vez, 

que ruge desde la sinagoga,

bajo el descaro de menesterosas parábolas?

Acciones prodigiosas 

que en medio de la incredulidad subyacen...

 

¿Acaso esa serpiente lo tentó con tan poco

que no se comparó con esta corona espinada 

que puse a ciegas para no ver 

la crueldad por sobre su cabeza?

 

Mártires sigilosos se agolparon de pronto

para mantener en pie

a ese monte retorcido que se venía abajo.

El desierto se agrieta al oír del hijo

la más humana de las palabras:

¡Padre, porqué me has abandonado!

Recordé una plegaria antigua

que me protegió cual coraza 

como mi armadura

de mi sombra y vergüenza.

Aquel quién hizo redimir el Hades

no es más que una precaria imagen

tal vez por error, horror o torpeza

esculpida en una cruz oxidada.

 

Siglos y siglos han pasado

y decrépito, como en la más humilde de las sinagogas 

me parece ver su rostro una y otra vez.

El hecho es, que el perdón

es acto ínfimo para el perpetrador. 

Cabe disentir, con cierto detenimiento,

que tal vez esta poesía precaria

podría reivindicar

a este imperturbable ser humano,

liberándonos de paso de cierta ignorancia

en la que fuimos concebidos.

 

Aída Reyes-Alcalde


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