Podredumbre y Belleza
- aidareyesalcalde
- hace 2 días
- 1 min de lectura

Muerta yacía en la penuria
y mientras pensaba en mi epitafio,
una auténtica poeta
se sentó al lado de mi tumba,
y me miró fijamente a la cara.
Me preguntó por qué había muerto
y mi silencio fue mi vergüenza.
¿Y tú Dickinson?
(le guiñé el ojo)
-por la belleza-
respondió.
Y ambas como hermanas
podredumbre y belleza,
íntimas amigas del barrio y el lodo,
nos encontrábamos en las noches
y hablamos de nuestras muertes
por los siglos de los siglos ¡amén!
Hasta que el polvo y el barro
nos cubrió por completo la cara.
Aída Reyes-Alcalde








Comentarios