

Es la cama la tumba del poeta
Cuando nos abandonamos, nos robamos juntos. ¿Secuestro o derrota? Nos deshacíamos en poesía pactada sin que tú, loca mía, asomaras tu cabeza. Yo te mostraba mi pecho herido y lo devorabas mostrando tus afilados dientes. ¡No te mentí! El poeta es un pequeño dios, el Cristo pobre que hace de su creación su campante tragedia, como cuando el universo lo vuelve loco y camina descalzo y desnudo. Ya te sufrí y rasgué vestiduras, hice del ridículo mi renuncia. Un día increparé a


Diálogo sordo de un muerto
La voz de los siempre sabios, inexorable en el tiempo, se manifestaba en diversos cantos. Al arrogarse la muerte el humanoide, se crea cierta existencia: cráneos, esqueletos y uno que otro vestigio son una acreditación a la desgracia presunta. Algunos advirtieron que la muerte era lo único auténtico de la vida ante tantos titubeos. La vanidad y la arrogancia, efímeras ante el hecho de la tumba, incuestionables todas a estas alturas. La muerte cara a cara se presentó y a


Acelerar la muerte
Al lograr morir yo, todo quedó pausado. Al rato la rigidez, luego el eco de mi voz; a mi entender, casi todo lo maté conmigo. Una noche, desde mi ilustrado ataúd, salí a la quietud: quería perturbar mi silencio y resistirme a solo ser una perpetua, saber cómo era la muerte de los otros. Humillada en el reposo, me vi en una compleja sátira con los inmortales; pretendí imponer, con muchas ínfulas, abolir el miserable dolor. —¡Solo muertos! —sentencié—, así no más soliloquios ni


La parábola de Anadón
No empuja la muerte su lápida cuando es pesada, ni desciende el vencido por su nobleza, el herido. La historia trenza en el Loscos de España su memoria con hilos de envejecida plata. Tus ojos quedaron despiertos y en la fiebre pareces vivo; tal vez la muerte compungida no quiera hacerte un nido para mecer bruscamente su rama. ¿Acaso son tus oraciones, Anadón, las que te denuncian? Y es allí, en la somnolencia sagrada, que tocas en llaga al más descreído poeta. Al arroga


De intelecto a saliva
Leyendo por placer en un minucioso tiempo, acompañada por Asterión y mi encierro, la vejez expresó su abandono de siglos. El recordar se expresa con palabra muda y allí la sagrada imagen se torna difusa, cual alegoría sosteniendo mi planeta que la humanidad de a poco deshabita. Descomunal ofensa decirle al hombre viejo: —¡Vives en la luna!— Te escribo y sé que escribo para que no me leas; me lo digo para mí en el día de mañana, cuando, perdida y desnuda, el ser humano dé paso


La fortaleza del alma
Con antorchas encendidas en la flagelación nocturna, mostró el ser humano su lado mediocre detrás de túnicas y máscaras. Los ángeles convencidos de la inexorable tragedia, fiebre y deterioro, dictaminaron que sus mártires y santos fueran puestos de rodillas fuera de los ataúdes. El Sensato fue humillado y la virtud puesta en la soga, sacrificando a las Vírgenes pequeñas y a sus madres a vestir el luto. El velorio involuntario trajo la cruz y la sentencia de Judas se hizo carn


Hacedor de humo
Luego de dar su más sentido pésame, sentenció el sabio a su tribu perenne: ¡Duerme! hasta que la esfera celeste se venga abajo, cuando la carne se vuelva espíritu, habrá concluido nuestro simulacro. Después del éxodo, la incerteza lo pone todo patas arriba y los indios dejaremos de existir patas abajo. Nuestras danzas serán de antaño una mera curiosidad, criaturas burladas o desterradas, condenadas a orbitar. Por la noche iniciaremos un nuevo rito descuartizando al hermano


El llanto de la quebrada
Yo no quise esta agua hijo mío en la perpetuidad de sol, la quise fresca en la desnudez de mis huesos implorando a tantos dioses como fuera posible, en las entrañas desérticas del hermano Tamarugo que en el ruego del sabio vencido fue en su súplica. En la cuna de un mochuelo extraviado un pequén pasa increpando ¿De qué dolor me hablas? tu nido y el mío solo plumas inmolando nuestros cuerpos, mientras un alma enlodada susurra «no hay peor dolor que ser pobre entre los cerr


La Mugre
Desde el borde intentó volar, desesperado creyó en esa libertad que falsamente da la calle. (Al caer) La noche es el nuevo deterioro, ¿son balas? se preguntó, ¿o sólo es Kafka? La perturbación lo cegó. Sueños de cloacas, concreto de almohadas, ¡Soy el gran insecto! tengo alas en la espalda lo descreído, lo incrédulo reina en mi vertedero. Sueño profundo enmarañado, he de zumbar por las noches disparatadas replicando el sonido de la nada y el asco. Entonces dijo: ¿es


Otra vez he visto a ese Cristo pasar
Soy un decrépito o tal vez un mártir devenido, un humilde soldado que deambula errante en un desierto intrincado. Hay noches que me parece oír de muertos, milagros y sepulcros y siento que se me doblan las piernas otros días veo al peregrino y me desintegro solemne ante dantesca imagen... "otra vez he visto a ese Cristo pasar" Me digo una y otra vez ¡esto es una alucinación! Hay noches de padecimiento y rebeldes tambores al unísono. Otras veces voy en búsqueda de mis


Recuerda que morirás
La parca dice que las cosas de la tierra poco existen y que la verdadera realidad se devela en el momento de morir. Soy un poeta del mal, el horror me mueve. Soñando estaba cuando el alarido de un ángel me espantó. - Acomódese aquí, llegó su hora. Él, apenas de rodillas, mostró perturbadoras imágenes. - Estas son tus trampas, boicotearte a ti mismo es lo que se te dio mejor, llamarte Poeta... mala cosa. Cuando el alma abandona la escoria un ángel se desploma. - En eso estab


Podredumbre y Belleza
Muerta yacía en la penuria y mientras pensaba en mi epitafio, una auténtica poeta se sentó al lado de mi tumba, y me miró fijamente a la cara. Me preguntó por qué había muerto y mi silencio fue mi vergüenza. ¿Y tú Dickinson? (le guiñé el ojo) -por la belleza- respondió. Y ambas como hermanas podredumbre y belleza, íntimas amigas del barrio y el lodo, nos encontrábamos en las noches y hablamos de nuestras muertes por los siglos de los siglos ¡amén! Hasta que el polv


Las tragedias son invenciones de sus dioses
Cuando en búsqueda de la fe, un hallazgo escabroso. Es su estrofa casi idéntica, ya sea en Biblia, Odisea o Dioses Olvidados. Perder el juicio no es sólo caída, Miré al cielo una trémula noche en busca del milagro prometido. Seguía cayendo el fuego y la ira hacia mis pies. Los misterios son irrebatibles decían los profetas engalanando sus altares despotricando del más infame de los designios. Y en la sinagoga con llagas en los pies recreó una acrópolis que lo llevaba d


El busto de Palas
Y aquí me encuentro bajo el yugo de una displicente que algo oculta entre su manto sagrado, como si exonerarme al abismo en medio de la noche no engendrara en mí ese desasosiego de cuna, como si su mirada inmortal e irrisoria no hiciera más que restregarme la crueldad que sostiene nuestras columnas. Una túnica sagrada desdeña en mí el conocimiento y es aquí, en esta derruida civilización en que los combativos, los pensantes y las desaforadas son excluidos ante a la pervers


Odisea Pretenciosa
Telémaco me manda callar...
¿Acaso no sabes quién financió nuestras insolvencias?
¿Crees que fue tu padre Ulises?
¡no mi querido imberbe!
Él fue a hacerse el Héroe


El devenir de los héroes
Te conté una historia Poeta, de ángeles que gimen al dolor y soldados que ven un espejismo en pleno desierto y huyen despavoridos... No cualquiera es testigo del Pacífico puesto de rodillas y posee una tumba vacía. Un dios es inmortal, pero un héroe es vida, error y muerte. ¡tenebrosa pampa!, testigo irrestricto de mi dolor y desamparo. Es extraño verme con vida aún, pues sabía que era un sobreviviente irreconocible. Me había armado con relatos heroicos, pero aún faltaban


Des ahogada
Dios hizo el mar, el cielo y la tierra en una semana y yo lo destruí en unas cuantas horas. La poesía no es más que odas y olas que se rompen. Yo Virginia, juro por mi vida que una parte de mi era ese ángel que se corrompe, juro que fue Dios quién me arrojó a esas olas, que harto de mi inmoralidad y mi falta de humor, puso piedras en mis bolsillos en vez de arrojarlas a mi cara. Las olas que besaron mi cuerpo le dieron ese adiós de Dios y Diosa en el silenciado mar. Fue e


Rey Nicanor
Pasé un siglo de mi eterna vida trastornada por un demonio de doble cara, de caer en bajezas de cualquier tipo a burlas sin cuento. Todo lo veía a través de su ojo tuerto, yo pasaba las noches esclavizada afuera de mi mausoleo de turno. Cada vez me convencía de lo espectacular que era ese misericordioso tacaño. No tardé en cometer algunos ilícitos y me hice experta en el robo de historietas. Solía presentarme en su laboratorio de lujo muy cerca del matadero, mis a


El ingenioso hijo de algo
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hijo bastardo de un antiguo proxeneta, mas esto no le impidió cabalgar su caballo y leer apasionadamente al Señor de la triste figura. Cuando cayó en desgracia por estrafalarias estafas un juez declaró: Tu falta sólo amerita quedar tras las rejas y dejando al rape su alargada barba sintió que las mufas de toda la Mancha lo dejaban desnudo. Su escudo y espada fueron a dar al vertedero y sin mujer que lo


Envalentonado
Después de ser santiguado en uva, hablar en público se me dio rápido. Mi fomedad profusa fue aturdida en brebaje y un tal Dionisio, de algún modo extraordinario, me otorgó el don de la palabra y una desproporcionada sonrisa. Lo macabro, lo prodigioso, la consternación a la letra descarnada, era alimentada por este milagroso enjuague e hizo que el circunspecto se dilatara infundiendo el arrojo. El espectáculo de la máscara de los Dioses irrumpió insolente en mis sueños impu

