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El devenir de los héroes

aidareyesalcalde
19 sept 2025
3 min de lectura

Actualizado: 15 ago

Ilustración original para el poema "El devenir de los héroes". Muestra a un soldado de la guerra del pacífico, arrodillado en medio del desierto ante la Virgen del Carmen y un diablo saltando en un baile religioso.

Te conté una historia Poeta,

de ángeles que gimen al dolor

y soldados que ven un espejismo

en pleno desierto

y huyen despavoridos...

 

No cualquiera es testigo

del Pacífico puesto de rodillas

y posee una tumba vacía.

Un dios es inmortal,

pero un héroe es vida,

error y muerte.

¡tenebrosa pampa!,

testigo irrestricto de mi dolor y desamparo.

 

Es extraño verme con vida aún,

pues sabía que era

un sobreviviente irreconocible.

Me había armado

con relatos heroicos,

pero aún faltaban

partes que contar...

Mis enemigos me habrían hecho pedazos,

pero codiciosas estaban al acecho

las aves de carroña,

comunicando a las tinieblas

¡otro muerto es repatriado!

¡ahora me perteneces espíritu!

reía Caronte al transitar sin agua en el desierto.

 

Y aun bebiendo

el intenso veneno derramado en mí

y saboreando en mis labios

la anónima muerte,

sin saber a quién orar,

estoy firme en el rigor,

inerme en la tragedia y la pólvora.

 

La Guerra entre hermanos,

¡aullido inquebrantable!

nos dejó como espantapájaros

buscando el acribillado corazón.

¡Juro que vi ángeles!

¿y los muertos?

¡Dios mío! ¿Cuántos?

perdí la cuenta...

Y aunque caminaba sin oración,

el amor a mi bandera

no se había extinguido,

a sabiendas de lo macabro

que podía llegar a ser

un soldado hecho trizas,

como el suspiro de una mirada

a cinco centímetros de la mía.

 

¿A quién quieres engañar?

me dijo mi Sombra,

sé perfectamente que no rezas

¡sé que eres un inhumano

capaz de asesinar!

¡no sabes de piedad!

y te escudas en tu Virgen, vociferaba...

 

No podía abrazar a un caído

sin que mis manos

me dieran una cortada,

mis manos eran garfios.

Alguien se compadeció

en decapitar mi dolor

con una piadosa oración,

me hizo volver al mundo

y consolidar en mi memoria la palabra ¡Vive!

 

Soy un zorro

y sé cómo son los sentimientos masoquistas

¿o soy sólo un estratega estepario?

Mi deseo sería quedarme

tan sólo un rato

a ultimar algunos detalles,

mi velada con la muerte

a solas y en penumbras.

 

No pude tomar la carroza

que me llevaría a mi apetitosa tumba

y tal como lo dibujó Reyes-Alcalde

en sus cómics de soldados,

en mis recuerdos de niño

llegué hasta el santuario de héroes olvidados.

Reconocí a los míos,

pintorescos diablos

en una danza macabra y maravillosa.

¡La melodía!,

lo estridente me parece conocido.

Sus bailes, tenía miedo a tanta belleza.

 

Y mientras avanzaba

hacia lo que creía el infierno,

un diablo salió de improviso.

Aún recuerdo su alarido

¡orarás por tus muertes! sentenció...

Fue tan poderoso

que tuvo que entrar el desierto

y sus sombras para acallarlo.

Me seguían ejércitos de bailarines,

no me quitaban los ojos.

 

Poco a poco el poder del recuerdo

y el brillo de mis medallas me paralizó.

Trataba de recordar mi muerte

y como llegó ese momento.

Le pregunté al ángel caporal con armadura,

si unas alas cerraron mis ojos.

Todo se iba haciendo más vívido,

sus trajes, esos seres danzando que me rodearon

y frente a mí, Ella,

recitando su canto adolorido.

Sus letras comenzaron a pronunciar

una especie de rezo improvisado.

Si hay ángeles y diablos,

¿por qué no puede haber soldados

danzándole a la virgen?

 

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