Las tragedias son invenciones de sus dioses
- aidareyesalcalde
- 28 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Cuando en búsqueda de la fe, un hallazgo escabroso.
Es su estrofa casi idéntica, ya sea en Biblia, Odisea o Dioses Olvidados.
Perder el juicio no es sólo caída,
Miré al cielo
una trémula noche
en busca del milagro prometido.
Seguía cayendo el fuego
y la ira hacia mis pies.
Los misterios son irrebatibles
decían los profetas
engalanando sus altares
despotricando del más infame
de los designios.
Y en la sinagoga
con llagas en los pies
recreó una acrópolis
que lo llevaba
día a día a escena
convencido que los versos
de los sabios
sobre la condición humana
eran profusamente irrefutables.
Conocí hace un tiempo
a un hombre santo
que nunca hizo
un milagro para sí mismo.
Acudía a los templos
y al llegar al punto de partida
siempre se encontraba
con la disyuntiva
de si todo valía la pena
pues orar no era suficiente
y a patadas era sacado
en medio del arrojo
tomado por intrépido
o revolucionario.
Me hallé de pronto
con la voz entrecortada
y mustia de saliva
presa de las palabras
que salen
de su cabeza brillante.
Que esos grandes dramaturgos
y sus innumerables tragedias
pronto fueran olvidados
le subyugaba.
—Mañana también
puede que olviden mi palabra—
Y envuelto en la duda
posó la mirada en su Dios.
Y en la génesis del Cosmos
cuando los astros
aún jóvenes
bajo la nomenclatura
de sus dioses
posaron su mirada
en el hombre
bajo la temeridad del oráculo,
accedieron bajo sus columnas
agasajar a sus máscaras
impulsados por el error
y la muerte.
Cuenta la historia
que yo deambulaba
entre el pecado y el placer
pero fui esa mujer humilde
que lavó sus pies
con mis piadosas lágrimas
y los sequé
con mis cabellos negros
como la negra reputación
que me antecedía.
La Iglesia
hoy me hace llamar
Santa María Magdalena.
La verdad es que sólo
soy “esa apóstol"
en medio de un mar de cíclopes.
Los que hayan oído de mí
en la antigua Babilonia
podrán difamarme
como les plazca
sólo jugué al anonimato
como estaba escriturado.
Los más bíblicos dirán
que fui expiada
pero, en lo que a mí concierne
solo fui una vilipendiada discípula.
Incomprensible
miró a la antigua Nazareth
como una tierra infértil.
A tanto llegaba
el amor al Padre
que su espíritu
jamás osaría rebelarse.
Lápida a lápida
deducía los implacables designios
incomprendidos por él.
Permanecía largo rato
ante la estatua ficticia
de Homero
y esas obras
calaron hondo
en su flemático corazón
deponiendo su dureza
y su ceño fruncido.
Distintas lenguas
tamañas obras
él no era precisamente
ese inculto
creía comprender el espíritu
de los sabios atenienses
convencido
de que todas las profecías
a esas alturas
eran unas blasfemias.
—Quizás mañana me lamente
en el Tártaro—
Texto completo en pdf, 521 versos








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