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Acelerar la muerte

  • aidareyesalcalde
  • hace 8 horas
  • 2 min de lectura
Ilustración original creada para el poema Acelerar la Muerte, se observa una persona en cama rodeada de personajes como Socrates, Jesus, Asterion y Virginia Woolf.

Al lograr morir yo, todo quedó pausado.

Al rato la rigidez, luego el eco de mi voz; a mi entender, casi todo lo maté conmigo.

Una noche, desde mi ilustrado ataúd, salí a la quietud: quería perturbar mi silencio

y resistirme a solo ser una perpetua, saber cómo era la muerte de los otros.

Humillada en el reposo, me vi en una compleja sátira con los inmortales;

pretendí imponer, con muchas ínfulas, abolir el miserable dolor.

—¡Solo muertos! —sentencié—,

así no más soliloquios ni escritores suicidas por una prosa ridícula.

 

Un tal Sófocles me recomendó que el destierro es peor que la muerte,

más horror que arrancarse los ojos para no ver sus miserias.

Su amigo Esquilo replicó:

—¡Esta es una pésima obra!

Y en estéril conversación, pronunció una prosa antigua desconcertando a todos:

—Haz que preparen los bronces fúnebres y arrebaten la llama a los dioses.

 

Y en el Gólgota increpa el discípulo:

—¡Muertos vivos! Pródigos de un panteón sin parábola,

solo fatiga y resignación como profecía bíblica, cientos de voces del Antiguo Testamento.

Una madre adolorida, auxiliada por este apóstol;

incrédulos vimos cómo vociferaban: ¡Exigimos la fe!

 

Sócrates hablaba de sus dioses al que llamaban Jesús,

y este, de su muerte célebre, hoy solo mito por la pérdida de humanidad.

Y al diferenciar al beato del sabio, sentencié que una vida sin gloria es muerte inconclusa.

 

¿Te imaginas, Matilda, sin tus pergaminos eternos?

El gran conquistador, tu padre, aún llora a los pies de tu tumba.

¿Te imaginas, Virginia, sin piedras en tu traje de Orlando moribundo?

¿Te imaginas, Alfonsina, escuchar tu melodía abrazada de Quiroga?

Solo escorias solemnes de horror y premisa.

 

Y envueltos de incertezas, mugiendo despacio, llegó la memoria a refrescarnos:

«Yo, conciencia de los astros, aflicción de los hombres...».

¡Cómo se atreven a desafiar a la humanidad y al que le sobrevive!

 

Perturbada, armé el rompecabezas: me vi a mí misma horrorizada,

entendiendo por qué prefería la eutanasia para evitar el dolor que me mató desde antes.

 

Aída Reyes-Alcalde

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