El llanto de la quebrada
- aidareyesalcalde
- hace 4 días
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Yo no quise esta agua hijo mío
en la perpetuidad de sol,
la quise fresca en la desnudez de mis huesos
implorando a tantos dioses
como fuera posible,
en las entrañas desérticas
del hermano Tamarugo
que en el ruego del sabio
vencido fue en su súplica.
En la cuna de un mochuelo extraviado
un pequén pasa increpando
¿De qué dolor me hablas?
tu nido y el mío solo plumas
inmolando nuestros cuerpos,
mientras un alma enlodada susurra
«no hay peor dolor que ser pobre
entre los cerros»
y estremecida se acunó en mi pecho.
Las quebradas siempre tan sosegadas
apenas un llanto
mas una lágrima es muerte y es barro
como si al lavar el cerro
ungiera al niño
en el desnudo grito
irresoluto de la madre.
Yo no quise esta agua hijo mío,
¿ves aquel ángel?
con tu padre, ahogados de dolor,
sobre su frente curtida
descendimos en la fiebre,
nos pareció ver tu barquito de papel
navegando en el negro charco
y eso nos puso de rodillas
¡Padre nuestro, Norte Grande!
¿por qué el barro es nuestra agua?
Ya no me queda saliva,
entonces recuerdo la flor del cactus
en tu estremecida cuna,
que hasta me parece
el jote de cabeza colorada
más hermoso
que el desierto florido.
Y luego vienen las trompetas
con ensordecedores tambores,
es la fúnebre sinfonía
que da el escombro y la tierra
¡Aluvión! sucia tonada triste y fría.
Que imperfecto se ve el hombre
cuando la naturaleza habla,
una mañana de sol
construye una sólida torre
desde los altares de piedra
y al atardecer navega en fango.
Hay ciertas tradiciones
en que el error vuelve a repetirse.
¿acaso no es mi quebrada
más pesada, más antigua?
Aída Reyes-Alcalde








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