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El llanto de la quebrada

  • aidareyesalcalde
  • hace 4 días
  • 2 min de lectura
Ilustración original para el poema "El llanto de la quebrada". Se observan los destrozos típicos de un aluvión y un bote de papel en primer plano.

Yo no quise esta agua hijo mío

en la perpetuidad de sol,

la quise fresca en la desnudez de mis huesos

implorando a tantos dioses

como fuera posible,

en las entrañas desérticas 

del hermano Tamarugo

que en el ruego del sabio 

vencido fue en su súplica.

 

En la cuna de un mochuelo extraviado

un pequén pasa increpando

¿De qué dolor me hablas?

tu nido y el mío solo plumas

inmolando nuestros cuerpos,

mientras un alma enlodada susurra

«no hay peor dolor que ser pobre

entre los cerros»

y estremecida se acunó en mi pecho.

 

Las quebradas siempre tan sosegadas

apenas un llanto 

mas una lágrima es muerte y es barro

como si al lavar el cerro 

ungiera al niño

en el desnudo grito 

irresoluto de la madre.

 

Yo no quise esta agua hijo mío,

¿ves aquel ángel? 

con tu padre, ahogados de dolor, 

sobre su frente curtida

descendimos en la fiebre,

nos pareció ver tu barquito de papel

navegando en el negro charco

y eso nos puso de rodillas

¡Padre nuestro, Norte Grande! 

¿por qué el barro es nuestra agua?

 

 

Ya no me queda saliva, 

entonces recuerdo la flor del cactus

en tu estremecida cuna,

que hasta me parece

el jote de cabeza colorada

más hermoso

que el desierto florido.

 

Y luego vienen las trompetas

con ensordecedores tambores,

es la fúnebre sinfonía

que da el escombro y la tierra

¡Aluvión! sucia tonada triste y fría.

 

Que imperfecto se ve el hombre

cuando la naturaleza habla,

una mañana de sol

construye una sólida torre

desde los altares de piedra

y al atardecer navega en fango.


Hay ciertas tradiciones 

en que el error vuelve a repetirse.

¿acaso no es mi quebrada

más pesada, más antigua?


Aída Reyes-Alcalde

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