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Cuando la oración no es suficiente

Actualizado: 21 jun 2025


En los páramos, alejados de la sinagoga, desconocida era la belleza de los ritos funerarios.

Un padre ateo y compungido, en busca de consuelo imploró a un dios y puso oro al pie de la fosa para el posible milagro.

El desierto enmudecido guarda cierta verdad momificada y cada testigo es silenciado en oro. Desde los Conquistadores se dice que hay ciertas voces, alaridos que son preferibles amordazar. Según el historiador no hay acto más verídico, abrir la avaricia es la voz y el silencioso caos.

De momia a fosa, de padre a dios, no hay mejor herencia que el relicario. Curiosamente la necesidad tiene algo de hereje, que aun sordos cuidan la voz y bajo confesión el desesperado, con cierta maravilla, toma la joya como destino para no terminar menesteroso. El alma tiene su valor, la sortija del rey y al que la desgracia sobrevive su peso en oro.

Después del éxodo no viene el paraíso y a solas el peregrino entiende que el prendario es el auténtico milagro, cuando la oración no es suficiente.

A las casas de crédito prendario

Aída Reyes-Alcalde

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