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De Potrerillos a Estación Central
Bajamos por la salitrera, todos discípulos siguiendo los pasos de nuestro Cristo raquítico. Estando en el Elqui recitó mandamientos, pecados capitales como si el santísimo arrojara a su boca reseca esos hondos misterios, asimismo iniciaba ritos bautismales a la manera de Juan ¡maldito taparrabo! nunca nos atrevimos a decirle que parecía un indio pícaro. Nosotros nos preguntábamos ¿dónde iría a parar el pecador? de seguro al “quita pena” muerto de la risa, santiguado en el bre


Los últimos
Lleva años allí, la disciplina la viste a cabalidad, su memoria no va a la par, puede que la muerte le recuerde sus faltas, lo inquietante es oír que olvidará de todos modos. De pronto se oye un golpe, es un visitante que tiene quebrada la cara y le invita una partida. –Soldado, hay una obra oscura que no se conoce y que llaman "recuerdo roto", demonios en el lugar incorrecto, visiones de un hombre que se pierde a sí mismo cuando excava en su pasado. Es una criatura selectiva


Una muerta salitrera
Cuando la insolación reverbera La tierra es implacable y bruta, tiene el desierto tatuado, ni el guano le abona ni el yodo le cura, el nitrato, más de lo mismo. Ni Caleta Coloso ni el Ancla en el alto del cerro, ni siquiera el fantasma de North pudo con tanta maravilla. Ni el ferrocarril, ni la Chimba, na’ de na’. Cuando se es animita obrera, una se las da de espantador de jornada completa. Los hombres al salitre y las mujeres a la vianda, la herencia de la diosa Pampa ta


Ícaro, Leonardo y Juan Salvador
Mi carta de navegación es superflua– dice Ícaro, tengo planos que puedo recrear a vuelo de pájaro. Cuando veo mis elevos bajo asedio, sé cómo combatir a los curiosos desde mis trincheras, reconstruir nuevos planos con mis intrincados instrumentos. Entre herejía y verdad deambula la máquina voladora, sobre los páramos y el panteón, Leonardo va en busca de la escoria para plasmar su reveladora anatomía, el "Hombre como obra perfecta" quedaba en entredicho después de unos días d


La Otra Evolución
Y en una jaula, puesto de cabeza, me vi en el arca, seguramente es un nuevo experimento pensé ¿otro error? posiblemente, pero eso siempre depende de...., reverberaba el Mono.


Inmisericorde
El purgatorio es un arte inagotable para el hombre, tiene al Demonio salivando a nuestra boca, es padecer y falsa esperanza, por eso la fiebre. -En este otro lado, todo cuanto ves, le sobrevive al averno. -No huyas de mí, "dulce ángel", este es nuestro paraíso. Así es el Diablo, roble viejo, saboreando al circunspecto que no sabe de felicidad, de lejos, algo muy similar a Dios. 1er círculo Yo, de bautizo a extrema unción, siempre esa cruz. 2do pasaje Palabras despiadadas


El desierto que une al Prodigio y al Paria
Aseveran las lenguas del culto a Sabella que el hombre, salvo el desierto, es irrelevante. Los más incrédulos dirán que el lenguaje auténtico se fue al despeñadero, pero lo cierto es que la memoria depara silencios atroces, ideas imprecisas, sensaciones conocidas, causalidades, como si fuéramos soldados de cartón de un Dios que ríe. Desde que leí "Chile o una loca geografía" algo me trastocó, posiblemente una mezcla entre un mapa con puntos cardinales inexistentes y la pobrez


El Hombre y la Máquina
Máscara Cuenta la historia de los dioses que, al ver al ser humano en su arrogancia, a toda una civilización les concedió una máscara, donde la vida de los otros fuera recreada, en medio del bullicio, los vapores y las máquinas voladoras. (Hombre) Antes de ser desfigurado, era yo invisible a la mirada del hombre. Donde el dolor no toca lo imaginario, lo hace esta sonrisa descarnada. Hasta que los dioses esculpieron en acero mi rostro. Lo cierto es que poseo una mutilada son


Evaristo
Una vez, hace cosa de cien años, hubo un terrible accidente de maestranza en Ferrocarriles. En un aullar para nada pacífico, nunca había rugido tanto un Pueblo. Después de cerciorarse que no fue un terremoto, se reunió la muchedumbre para "juzgar" al presunto demonio. En el tribunal de las almas que todo lo mira, pobres y creyentes me condenaron según la ley del muerto trágico. Presentaron la evidencia al mundo de la fe y ésta se hizo carne, habían de erigir un memorial para


El ladrar que quema
De lejos un cementerio antiguo se fatiga bajo unos remolinos de tierra y el hambre tan perpetua como vieja pasa rodando. Como un espejismo se ve a un perro rezar, pareciera suplicar a los astros para que su vida no se vuelva carroñera, sentenciando morder a su amo si este se hace paje de la chupilca. La jauría en su quejido da el recorrido a mi ‘perrética’ vida. Cuando ésta ve a su cuadrúpedo hermano bajo unas inesperadas ruedas, ciegas y funestas las almas atormentadas capta


Cuando la oración no es suficiente
En los páramos, alejados de la sinagoga, desconocida era la belleza de los ritos funerarios. Un padre ateo y compungido, en busca de consuelo imploró a un dios y puso oro al pie de la fosa para el posible milagro. El desierto enmudecido guarda cierta verdad momificada y cada testigo es silenciado en oro. Desde los Conquistadores se dice que hay ciertas voces, alaridos que son preferibles amordazar. Según el historiador no hay acto más verídico, abrir la avaricia es la voz y e


La otra traición
Hastiado de tanta injuria, reunió a cuanto parroquiano pudo y les preguntó ¿conocen la travesía del discípulo? mitad humana, mitad calumnia, pasajes color tinieblas y otros tan blancos como la sotana. La cara humana, siempre tan intrincada, posee facetas, a veces piadosa, otras inmisericorde, demoledoras atrocidades que luego justifica. Soy un Predicador inusual por excelencia, no puedo controlar el habla ni el prontuario que rebosa a esa inquebrantable verdad. Haré una traic
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