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Ángeles y soldados bajo tumba
Es negra la noche en el desierto, tan negra como su huésped. Me pregunto qué hago en medio de tanta muerte... Créanme, ¡no sé cómo me llamo! Veo epitafios y no sé cuál es el mío. Inhóspito es el purgatorio y terrible mi memoria, ¡horror por donde se le mire! El viento lo envuelve todo, sus cerros, las tumbas, ¿y mis manos?, solo huesos en la tierra sin pulgares. ¿Amé? ¿Fui amado? ¿Y mi alma dónde está? ¿Por qué sé de batallas? ¿Por qué huelo a pólvora? ¿Les doy miedo? ¡Es mej


El otro laberinto
En las paredes de los hospitales y en las murallas del psiquiátrico se oyen rezos más sinceros que en los templos antiguos. Los hombres prudentes, en incomparables diálogos, dilapidaron mi quietud, los mesurados, optaron por disuadir mi conciencia. Horror inculto poner en mis barrotes la biblia como único libro. Demócrito se rio de mi sensatez en el patio de los grandes pensadores, mi falta de humor es hereditaria sentenció, que mis grietas eran tan inagotables como eternas,


Nunca más
Alguien habló de suicidio... Estaba completamente indefenso sólo era un niño jugando a poeta. A veces pienso en los ángeles que vendrán e imagino que él viene, que va a estar en las calles observando las estrellas plutónicas, hablo con un demonio, él tiene más datos... Me encuentro con la señora muerte, antigua amiga de la casa y me confirma el acta de defunción bajo siete llaves, yo le arrojo una moneda de cartón y un cuervo susurra ¡nunca más! Alguien discute
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