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Falta Sangre
Yo, Demonio. Perder el juicio no es sólo caída, la mente está llena de pistas falsas. Yo, impúdica memoria, leyenda incierta de los astros, susurro en sus oídos dotes de intelectualidad. Me satisfacen incansables deseos de sabiduría, yo intercambio frases en sus libros para que sepan que las paredes de la razón no están ni estarán vacías. Y como si fuera una burla, el intelectual extrajo algunos recuerdos de la tumba. Un día lo encontré tomando apuntes en el laberinto


El Grito
(A Edvard Munch por retratar mi cara) Se dice que vivo, pero no es cierto y aunque sólo mi memoria conoce ese misterio, también ostenta la debilidad de lo humano y su saliva. Y heme aquí en un momento desafiante, siniestramente maldito, en la puerta atemporal de los gemidos. Es cierto, busco algo que no encuentro, estoy desesperado, mi mano tiembla, hay un puente… Yo me repetía una y mil veces la autenticidad de la muerte en completo repudio a sus tétricos designios. Ella


Musa, inspiración y muerte
¡Ven aquí! me dijo tenemos que regresar e hizo una cruz en mi tumba. Yo estaba exhausta, me encontraba de rodillas... -Estoy harto de tus excentricidades todo este tiempo, te has hecho pasar por Cleopatra y también por Eva ¡cómo te atreves! Yo reía y él estaba furioso, las únicas palabras que pronunciaba eran Musa, muerte y viceversa. De modo póstumo revelé ante sus ojos que en mis tiempos libres dejaba a la circunspecta de Eva encerrada en mi catacumba y le daba al encantad


Ángeles y soldados bajo tumba
Es negra la noche en el desierto, tan negra como su huésped. Me pregunto qué hago en medio de tanta muerte... Créanme, ¡no sé cómo me llamo! Veo epitafios y no sé cuál es el mío. Inhóspito es el purgatorio y terrible mi memoria, ¡horror por donde se le mire! El viento lo envuelve todo, sus cerros, las tumbas, ¿y mis manos?, solo huesos en la tierra sin pulgares. ¿Amé? ¿Fui amado? ¿Y mi alma dónde está? ¿Por qué sé de batallas? ¿Por qué huelo a pólvora? ¿Les doy miedo? ¡Es mej


El otro laberinto
En las paredes de los hospitales y en las murallas del psiquiátrico se oyen rezos más sinceros que en los templos antiguos. Los hombres prudentes, en incomparables diálogos, dilapidaron mi quietud, los mesurados, optaron por disuadir mi conciencia. Horror inculto poner en mis barrotes la biblia como único libro. Demócrito se rio de mi sensatez en el patio de los grandes pensadores, mi falta de humor es hereditaria sentenció, que mis grietas eran tan inagotables como eternas,


Nunca más
Alguien habló de suicidio... Estaba completamente indefenso sólo era un niño jugando a poeta. A veces pienso en los ángeles que vendrán e imagino que él viene, que va a estar en las calles observando las estrellas plutónicas, hablo con un demonio, él tiene más datos... Me encuentro con la señora muerte, antigua amiga de la casa y me confirma el acta de defunción bajo siete llaves, yo le arrojo una moneda de cartón y un cuervo susurra ¡nunca más! Alguien discute
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