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El Grito
(A Edvard Munch por retratar mi cara) Se dice que vivo, pero no es cierto y aunque sólo mi memoria conoce ese misterio, también ostenta la debilidad de lo humano y su saliva. Y heme aquí en un momento desafiante, siniestramente maldito, en la puerta atemporal de los gemidos. Es cierto, busco algo que no encuentro, estoy desesperado, mi mano tiembla, hay un puente… Yo me repetía una y mil veces la autenticidad de la muerte en completo repudio a sus tétricos designios. Ella


Musa, inspiración y muerte
¡Ven aquí! me dijo tenemos que regresar e hizo una cruz en mi tumba. Yo estaba exhausta, me encontraba de rodillas... -Estoy harto de tus excentricidades todo este tiempo, te has hecho pasar por Cleopatra y también por Eva ¡cómo te atreves! Yo reía y él estaba furioso, las únicas palabras que pronunciaba eran Musa, muerte y viceversa. De modo póstumo revelé ante sus ojos que en mis tiempos libres dejaba a la circunspecta de Eva encerrada en mi catacumba y le daba al encantad


Evaristo
Una vez, hace cosa de cien años, hubo un terrible accidente de maestranza en Ferrocarriles. En un aullar para nada pacífico, nunca había rugido tanto un Pueblo. Después de cerciorarse que no fue un terremoto, se reunió la muchedumbre para "juzgar" al presunto demonio. En el tribunal de las almas que todo lo mira, pobres y creyentes me condenaron según la ley del muerto trágico. Presentaron la evidencia al mundo de la fe y ésta se hizo carne, habían de erigir un memorial para


El ladrar que quema
De lejos un cementerio antiguo se fatiga bajo unos remolinos de tierra y el hambre tan perpetua como vieja pasa rodando. Como un espejismo se ve a un perro rezar, pareciera suplicar a los astros para que su vida no se vuelva carroñera, sentenciando morder a su amo si este se hace paje de la chupilca. La jauría en su quejido da el recorrido a mi ‘perrética’ vida. Cuando ésta ve a su cuadrúpedo hermano bajo unas inesperadas ruedas, ciegas y funestas las almas atormentadas capta


Cuando la oración no es suficiente
En los páramos, alejados de la sinagoga, desconocida era la belleza de los ritos funerarios. Un padre ateo y compungido, en busca de consuelo imploró a un dios y puso oro al pie de la fosa para el posible milagro. El desierto enmudecido guarda cierta verdad momificada y cada testigo es silenciado en oro. Desde los Conquistadores se dice que hay ciertas voces, alaridos que son preferibles amordazar. Según el historiador no hay acto más verídico, abrir la avaricia es la voz y e


La otra traición
Hastiado de tanta injuria, reunió a cuanto parroquiano pudo y les preguntó ¿conocen la travesía del discípulo? mitad humana, mitad calumnia, pasajes color tinieblas y otros tan blancos como la sotana. La cara humana, siempre tan intrincada, posee facetas, a veces piadosa, otras inmisericorde, demoledoras atrocidades que luego justifica. Soy un Predicador inusual por excelencia, no puedo controlar el habla ni el prontuario que rebosa a esa inquebrantable verdad. Haré una traic


Ángeles y soldados bajo tumba
Es negra la noche en el desierto, tan negra como su huésped. Me pregunto qué hago en medio de tanta muerte... Créanme, ¡no sé cómo me llamo! Veo epitafios y no sé cuál es el mío. Inhóspito es el purgatorio y terrible mi memoria, ¡horror por donde se le mire! El viento lo envuelve todo, sus cerros, las tumbas, ¿y mis manos?, sólo huesos en la tierra sin pulgares. ¿Amé? ¿fui amado? y mi alma ¿dónde está? ¿Por qué sé de batallas? ¿Por qué huelo a pólvora? ¿Les doy miedo? ¡es mej


El otro laberinto
En las paredes de los hospitales y en las murallas del psiquiátrico se oyen rezos más sinceros que en los templos antiguos. Los hombres prudentes, en incomparables diálogos, dilapidaron mi quietud, los mesurados, optaron por disuadir mi conciencia. Horror inculto poner en mis barrotes la biblia como único libro. Demócrito se rio de mi sensatez en el patio de los grandes pensadores, mi falta de humor es hereditaria sentenció, que mis grietas eran tan inagotables como eternas,


Nunca más
Alguien habló de suicidio... Estaba completamente indefenso sólo era un niño jugando a poeta. A veces pienso en los ángeles que vendrán e imagino que él viene, que va a estar en las calles observando las estrellas plutónicas, hablo con un demonio, él tiene más datos... Me encuentro con la señora muerte, antigua amiga de la casa y me confirma el acta de defunción bajo siete llaves, yo le arrojo una moneda de cartón y un cuervo susurra ¡nunca más! Alguien discute
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