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Una muerta salitrera
Cuando la insolación reverbera La tierra es implacable y bruta, tiene el desierto tatuado, ni el guano le abona ni el yodo le cura, el nitrato, más de lo mismo. Ni Caleta Coloso ni el Ancla en el alto del cerro, ni siquiera el fantasma de North pudo con tanta maravilla. Ni el ferrocarril, ni la Chimba, na’ de na’. Cuando se es animita obrera, una se las da de espantador de jornada completa. Los hombres al salitre y las mujeres a la vianda, la herencia de la diosa Pampa ta


Rey Nicanor
Pasé un siglo de mi eterna vida trastornada por un demonio de doble cara, de caer en bajezas de cualquier tipo a burlas sin cuento. Todo lo veía a través de su ojo tuerto, yo pasaba las noches esclavizada afuera de mi mausoleo de turno. Cada vez me convencía de lo espectacular que era ese misericordioso tacaño. No tardé en cometer algunos ilícitos y me hice experta en el robo de historietas. Solía presentarme en su laboratorio de lujo muy cerca del matadero, mis a


Ícaro, Leonardo y Juan Salvador
Mi carta de navegación es superflua– dice Ícaro, tengo planos que puedo recrear a vuelo de pájaro. Cuando veo mis elevos bajo asedio, sé cómo combatir a los curiosos desde mis trincheras, reconstruir nuevos planos con mis intrincados instrumentos. Entre herejía y verdad deambula la máquina voladora, sobre los páramos y el panteón, Leonardo va en busca de la escoria para plasmar su reveladora anatomía, el "Hombre como obra perfecta" quedaba en entredicho después de unos días d


El ingenioso hijo de algo
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hijo bastardo de un antiguo proxeneta, mas esto no le impidió cabalgar su caballo y leer apasionadamente al Señor de la triste figura. Cuando cayó en desgracia por estrafalarias estafas un juez declaró: Tu falta sólo amerita quedar tras las rejas y dejando al rape su alargada barba sintió que las mufas de toda la Mancha lo dejaban desnudo. Su escudo y espada fueron a dar al vertedero y sin mujer que lo


La Otra Evolución
Y en una jaula, puesto de cabeza, me vi en el arca, seguramente es un nuevo experimento pensé ¿otro error? posiblemente, pero eso siempre depende de...., reverberaba el Mono.


Envalentonado
Después de ser santiguado en uva, hablar en público se me dio rápido. Mi fomedad profusa fue aturdida en brebaje y un tal Dionisio, de algún modo extraordinario, me otorgó el don de la palabra y una desproporcionada sonrisa. Lo macabro, lo prodigioso, la consternación a la letra descarnada, era alimentada por este milagroso enjuague e hizo que el circunspecto se dilatara infundiendo el arrojo. El espectáculo de la máscara de los Dioses irrumpió insolente en mis sueños impu


Inmisericorde
El purgatorio es un arte inagotable para el hombre, tiene al Demonio salivando a nuestra boca, es padecer y falsa esperanza, por eso la fiebre. -En este otro lado, todo cuanto ves, le sobrevive al averno. -No huyas de mí, "dulce ángel", este es nuestro paraíso. Así es el Diablo, roble viejo, saboreando al circunspecto que no sabe de felicidad, de lejos, algo muy similar a Dios. 1er círculo Yo, de bautizo a extrema unción, siempre esa cruz. 2do pasaje Palabras despiadadas


Alberto, el cortés
Distraído tropezó con la incerteza, el estar de manos atadas lo nubló. ¿Cómo poder ver la luz en un día absolutamente negro? La noticia de no poder ser padre lo sacudió, pero como es la vida de dulce y agraz, lo premió con una compañera de vuelo maravillosa. ¿Qué hago con este dolor, si lo único que quiero es volar? igual que las gaviotas, libre en aire, por el aire libre. Comenzó poco a poco a tomar altura y en un vuelo limitado, rompió la barrera mental. Sacudió la medio


Falta Sangre
Yo, Demonio. Perder el juicio no es sólo caída, la mente está llena de pistas falsas. Yo, impúdica memoria, leyenda incierta de los astros, susurro en sus oídos dotes de intelectualidad. Me satisfacen incansables deseos de sabiduría, yo intercambio frases en sus libros para que sepan que las paredes de la razón no están ni estarán vacías. Y como si fuera una burla, el intelectual extrajo algunos recuerdos de la tumba. Un día lo encontré tomando apuntes en el laberinto


El desierto que une al Prodigio y al Paria
Aseveran las lenguas del culto a Sabella que el hombre, salvo el desierto, es irrelevante. Los más incrédulos dirán que el lenguaje auténtico se fue al despeñadero, pero lo cierto es que la memoria depara silencios atroces, ideas imprecisas, sensaciones conocidas, causalidades, como si fuéramos soldados de cartón de un Dios que ríe. Desde que leí "Chile o una loca geografía" algo me trastocó, posiblemente una mezcla entre un mapa con puntos cardinales inexistentes y la pobrez


El Hombre y la Máquina
Máscara Cuenta la historia de los dioses que, al ver al ser humano en su arrogancia, a toda una civilización les concedió una máscara, donde la vida de los otros fuera recreada, en medio del bullicio, los vapores y las máquinas voladoras. (Hombre) Antes de ser desfigurado, era yo invisible a la mirada del hombre. Donde el dolor no toca lo imaginario, lo hace esta sonrisa descarnada. Hasta que los dioses esculpieron en acero mi rostro. Lo cierto es que poseo una mutilada son


El Grito
(A Edvard Munch por retratar mi cara) Se dice que vivo, pero no es cierto y aunque sólo mi memoria conoce ese misterio, también ostenta la debilidad de lo humano y su saliva. Y heme aquí en un momento desafiante, siniestramente maldito, en la puerta atemporal de los gemidos. Es cierto, busco algo que no encuentro, estoy desesperado, mi mano tiembla, hay un puente… Yo me repetía una y mil veces la autenticidad de la muerte en completo repudio a sus tétricos designios. Ella


Musa, inspiración y muerte
¡Ven aquí! me dijo tenemos que regresar e hizo una cruz en mi tumba. Yo estaba exhausta, me encontraba de rodillas... -Estoy harto de tus excentricidades todo este tiempo, te has hecho pasar por Cleopatra y también por Eva ¡cómo te atreves! Yo reía y él estaba furioso, las únicas palabras que pronunciaba eran Musa, muerte y viceversa. De modo póstumo revelé ante sus ojos que en mis tiempos libres dejaba a la circunspecta de Eva encerrada en mi catacumba y le daba al encantad


Evaristo
Una vez, hace cosa de cien años, hubo un terrible accidente de maestranza en Ferrocarriles. En un aullar para nada pacífico, nunca había rugido tanto un Pueblo. Después de cerciorarse que no fue un terremoto, se reunió la muchedumbre para "juzgar" al presunto demonio. En el tribunal de las almas que todo lo mira, pobres y creyentes me condenaron según la ley del muerto trágico. Presentaron la evidencia al mundo de la fe y ésta se hizo carne, habían de erigir un memorial para


El ladrar que quema
De lejos un cementerio antiguo se fatiga bajo unos remolinos de tierra y el hambre tan perpetua como vieja pasa rodando. Como un espejismo se ve a un perro rezar, pareciera suplicar a los astros para que su vida no se vuelva carroñera, sentenciando morder a su amo si este se hace paje de la chupilca. La jauría en su quejido da el recorrido a mi ‘perrética’ vida. Cuando ésta ve a su cuadrúpedo hermano bajo unas inesperadas ruedas, ciegas y funestas las almas atormentadas capta


Cuando la oración no es suficiente
En los páramos, alejados de la sinagoga, desconocida era la belleza de los ritos funerarios. Un padre ateo y compungido, en busca de consuelo imploró a un dios y puso oro al pie de la fosa para el posible milagro. El desierto enmudecido guarda cierta verdad momificada y cada testigo es silenciado en oro. Desde los Conquistadores se dice que hay ciertas voces, alaridos que son preferibles amordazar. Según el historiador no hay acto más verídico, abrir la avaricia es la voz y e


La otra traición
Hastiado de tanta injuria, reunió a cuanto parroquiano pudo y les preguntó ¿conocen la travesía del discípulo? mitad humana, mitad calumnia, pasajes color tinieblas y otros tan blancos como la sotana. La cara humana, siempre tan intrincada, posee facetas, a veces piadosa, otras inmisericorde, demoledoras atrocidades que luego justifica. Soy un Predicador inusual por excelencia, no puedo controlar el habla ni el prontuario que rebosa a esa inquebrantable verdad. Haré una traic


Ángeles y soldados bajo tumba
Es negra la noche en el desierto, tan negra como su huésped. Me pregunto qué hago en medio de tanta muerte... Créanme, ¡no sé cómo me llamo! Veo epitafios y no sé cuál es el mío. Inhóspito es el purgatorio y terrible mi memoria, ¡horror por donde se le mire! El viento lo envuelve todo, sus cerros, las tumbas, ¿y mis manos?, solo huesos en la tierra sin pulgares. ¿Amé? ¿Fui amado? ¿Y mi alma dónde está? ¿Por qué sé de batallas? ¿Por qué huelo a pólvora? ¿Les doy miedo? ¡Es mej


El otro laberinto
En las paredes de los hospitales y en las murallas del psiquiátrico se oyen rezos más sinceros que en los templos antiguos. Los hombres prudentes, en incomparables diálogos, dilapidaron mi quietud, los mesurados, optaron por disuadir mi conciencia. Horror inculto poner en mis barrotes la biblia como único libro. Demócrito se rio de mi sensatez en el patio de los grandes pensadores, mi falta de humor es hereditaria sentenció, que mis grietas eran tan inagotables como eternas,


Nunca más
Alguien habló de suicidio... Estaba completamente indefenso sólo era un niño jugando a poeta. A veces pienso en los ángeles que vendrán e imagino que él viene, que va a estar en las calles observando las estrellas plutónicas, hablo con un demonio, él tiene más datos... Me encuentro con la señora muerte, antigua amiga de la casa y me confirma el acta de defunción bajo siete llaves, yo le arrojo una moneda de cartón y un cuervo susurra ¡nunca más! Alguien discute
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